NOTICIAS / BLOG

DÍA 3

El inicio del tercer día de nuestro encuentro nos encontró con el corazón abierto y dispuesto a dejarnos transformar. Tras compartir el pan en el desayuno, nos reunimos en la cancha para iniciar la jornada en la presencia del Señor, con un momento de oración preparado con profunda ternura y dedicación por los jóvenes del Complejo Educativo Católico Fray Martín de Porres.

A través de una danza basada en el Salmo de la Creación, nos invitaron a posar la mirada en el dolor de nuestra hermana Madre Tierra y, al mismo tiempo, a contemplar con inmensa gratitud la grandeza con la que Dios ha trazado nuestras vidas.

En este marco de reflexión resuenan con especial fuerza las palabras de la Iglesia: «Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en el sufrimiento de los excluidos». Esta llamada no es solo una llamada de atención, sino un grito de esperanza que nos confronta y nos despierta. Nos invita a reconocer que cuidar la casa común y abrazar a los más vulnerables no son tareas opuestas, sino dos caras de una misma vocación de amor, fraternidad y justicia a la que no podemos renunciar.

Animados por este espíritu, dimos la bienvenida a Linda Marina Exalumna del Colegio San José de Quezaltepeque, quien orientó la jornada matutina con el taller Vocación y ecología. En un clima de diálogo honesto, nos invitó a cuestionarnos por qué la Tierra se encuentra tan herida y a examinar con sinceridad el estado de nuestro compromiso personal y comunitario con la creación. Posteriormente, en el trabajo en grupos, los jóvenes tradujeron estas reflexiones en imágenes, expresando con creatividad e impacto la realidad desgarradora del calentamiento global.

El taller culminó con una emotiva oración de envío. En ella, cada joven recibió la medalla del Padre Coll como un recordatorio entrañable de que no están solos: son parte viva de esta gran familia Anunciatista, llamados a sembrar esperanza donde haya oscuridad.

Con la alegría y el espíritu renovado, compartimos un fraternal almuerzo. La jornada cerró con un espacio de recreación y convivencia mientras cada delegación emprendía el regreso a sus comunidades.

Nos despedimos con el alma llena de gratitud a Dios por regalarnos estos espacios de encuentro, los cuales nos permiten seguir profundizando en la vida, el carisma y la misión que nos unen. Hoy más que nunca renovamos nuestro compromiso: «Tras una historia de luz, seremos antorcha».

Hna. Ángela del Rosario Ruiz Flores

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

NOTICIAS RELACIONADAS