DÍA 2

«Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra». Con la certeza de que estas palabras no son solo una cita bíblica, sino una llamada a encarnarse en nuestra vida cotidiana, dimos inicio al segundo día de nuestro encuentro.
La jornada comenzó en comunidad, compartiendo un rico desayuno preparado con amor y dedicación, alimentando no solo el cuerpo, sino también el espíritu fraterno. Posteriormente, nos trasladamos a la cancha, donde el grupo JUCRISFA (Exalumnos del Colegio Fátima) nos guio en la oración de la mañana. Fue un momento de gracia que nos recordó nuestra misión esencial: ser esa sal que da sabor al mundo sin perder jamás su esencia, y esa luz que disipa toda oscuridad.
Al finalizar la oración, la Hna. Rosy presentó a Fray Marcos Antonio Calero, O.P., quien estuvo a cargo de guiarnos a lo largo del día. En su primera reflexión, nos invitó a mirar hacia adentro con una pregunta confrontadora y hermosa: ¿Qué es la amistad? Esta interrogante fue la puerta de entrada para adentrarnos en la vocación más profunda: cultivar una amistad sincera y transformadora con Jesús. Con una dinámica nos integró en grupos de trabajo donde cada joven pudo plasmar y compartir su experiencia personal de la amistad y el modo en que acoge esa mano tendida que Cristo nos ofrece.
Llegado el mediodía, disfrutamos del almuerzo y de un espacio libre, donde entre risas y charlas espontáneas, la empatía y los lazos de hermandad comenzaron a florecer de manera natural.
Por la tarde, nos reunimos nuevamente en la cancha para dejarnos inspirar por Fray Marcos, quien enmarcó la jornada en la vida y obra de San Francisco Coll, un testimonio vivo de entrega y fe. Tras un breve receso para recargar energías, nos preparamos para el momento cumbre del día: la Sagrada Eucaristía, animada por el grupo JELUJ (Complejo Educativo Católico Santo Domingo) y enriquecida con la participación de todos los grupos. En un gesto de fraternidad, se presentaron antorchas encendidas, simbolizando la estela de luz que la congregación ha ido sembrando a lo largo de sus 170 años de fundación. Durante la homilía, Fray Marcos nos exhortó a vivir en constante unidad y fraternidad, haciendo del compartir una experiencia cotidiana.
Al finalizar la eucaristía, nos dirigimos al comedor para degustar la cena. Finalizada la cena nos volvimos a encontrar en la cancha. Cada grupo presentó una coreografía preparada con esmero, convirtiendo la noche en un verdadero festival de arte, alegría y celebración de los talentos que Dios ha depositado en cada uno.
Para culminar este intenso día, nos adentramos en un clima de silencio y serenidad. Las jóvenes de la comunidad de El Quiché, Guatemala, nos dirigieron una oración de recogimiento en la que cada participante recibió una luz. Esta llama no solo representó la gratitud por todo lo vivido en la jornada, sino el compromiso vivo de custodiarla y portarla con valentía como verdaderos seguidores de Cristo.
Con el corazón encendido y la paz, los jóvenes se retiraron a descansar para renovar fuerzas para el nuevo amanecer.
Hna. Ángela del Rosario Ruiz Flores






























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